En Camagüey reabre céntrico paladar “1800 ” tras ser liberado su propietario

Diez meses injustamente en la cárcel paso este emprendedor cubano.

La incompetencia estatal en la isla no tiene freno. La impunidad y la injusticia tampoco. La historia de corrupción sostenida hace algunos meses en torno a un grupo de paladares en las provincias de Camagüey y las Tunas comienza a desinflarse.

El ejemplo más simbólico es el de Edel Fernández Izquierdo, el dueño del paladar 1800 de Camagüey, que tanto ha molestado a la incompetencia estatal cubana, y que en su momento fue punta de lanza del noticiero de tv en la isla.

El 1800 ha molestado y seguirá molestando por alcanzar las más altas calificaciones en las páginas especializadas de ocio y viaje a nivel internacional, especialmente en TripAdvisor, una de las más seguidas por el Ministerio de Turismo de Cuba.

Resulta que su dueño permaneció por más  de diez meses encarcelado y ahora de repente regresa a lo suyo y reabre su negocio.

Quienes cerraron su sitio y lo pusieron tras las rejas no se detuvieron a pensar que en realidad la investigación policial, si es que hubo investigación alguna, carecía de elementos como para poder procesarlo.

Por eso, durante varios meses el local no brindo servicio. Lo más elocuente es que si tanto molesta no surgiera ni siquiera una opción estatal para hacerle competencia. Prohibir sigue siendo mejor que competir en la lengua de los oficialistas.

Testimonios de camagüeyanos asiduos a los artículos de Yusnaby Post nos cuentan que la energía del dueño del 1800 es impresionante. El hombre no se ha detenido a pensar en compensaciones ni repercusiones legales. Simplemente ha regresado a lo que mejor sabe hacer: trabajar de un modo eficiente.

Poco se sabe de las otras 11 personas, que en su momento, como parte de este operativo para frenar la iniciativa privada, fueron encarcelados arbitrariamente.

Una nube de señalamientos cayó en su momento sobre los paladares de Camagüey. Se habló de evasión de impuestos y de no tener debidamente contratados a los trabajadores en cada uno de los sitios intervenidos.

La prensa oficial hizo lo suyo, diciendo que se trataba de acciones para imponer la legalidad por parte del sector no estatal.

Un hombre como Hernández Izquierdo se siente hoy contento de reabrir. No es el mismo caso de otros propietarios que tuvieron que ceder sus licencias a familiares para poder mantenerlas abiertas.

La impunidad se hace elocuente. El dueño del 1800 después de estar preso en la cárcel conocida como Cerámica Roja, regresa a su negocio, pues la investigación policial que lo encausó nunca llegó a los tribunales.

La mayor parte de las botellas de bebida que fueron incautadas por la policía como parte del proceso no han sido devueltas.

El dolor no cesa. El estado sangra por la misma herida. La larga fila de extranjeros para entrar al paladar comenta bajo un sol que raja piedras que están a punto de comer la mejor comida cubana de todo Camagüey. Así de sencillo.

Con información de Prensa en Camagüey, Youtube y Lectores de Camagüey.

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