El día después del cambio

El día después del cambio

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¿Y ahora qué? Me pregunto a mi mismo mientras cierro las cortinas. El sol mañanero entra por la ventana y me molesta la vista. Llevo varias madrugadas sin dormir y realmente no tengo idea de que día es hoy. Mi abuela está sentada en la sala echándose fresco con el periódico Granma de hace 15 días, la última edición publicada. Nos miramos pero no hablamos. Mi familia inquietamente calmada espera algo que ya sabemos lo que es.

Enciendo mi radio de pilas e intento sintonizar Radio Reloj sin éxito, han transcurrido 8 horas desde que dejaron de emitir señal. El grito de mi vecino le hace silencio al ruido de estática de la radio. Le está gritando a su mujer: “-Ramona, se cayó el comunismo-“. Ella le llama todos los domingos por teléfono desde el extranjero, hoy debe llamarle porque seguro escuchó algo. Supongo que la causa de los gritos sea la emoción, o quizá el miedo, o tal vez porque las llamadas telefónicas se están escuchando mal.

No estoy muy bien informado de lo que está pasando, y, por lo que compruebo, poca gente lo está. Solo sé que nadie ha ido a trabajar hoy. Me siento como en el momento después del paso de un huracán,  cuando todos estamos deseando salir a la calle para ver lo que pasó. Mi madre me ha prohibido salir de casa, dice que ni se me ocurra abrir la puerta. La escalera del edificio se escucha bastante transitada, suben y bajan. Tocan y es Rosi, ella es como de la familia. “-Caballero, me llamó mi hermano de Nueva Jersey y dice que esto está revuelto…-“. ¡Voy para la calle! Salí corriendo escaleras abajo sin mirar atrás mientras escuchaba el “oye…” de mi gente y olvidaba mis gafas de sol.

¡Centro Habana está como nunca la he visto! La gente en bicicleta recorre mi cuadra a una velocidad vertiginosa. Cada vez salen más. Voy caminando por Belascoaín y frente al hospital Almejeiras veo muchas personas amontonadas rodeando algo… ¡ah no! .., ¡rodeando a alguien!; es un corresponsal de Martí Noticias, que trasmite en vivo desde La Habana vía satélite. Creo que lo lógico es acercarme, ellos deben tener información.

“…desde ayer por la noche La Habana entera está sin electricidad. Nos informan que Villa Clara, Santiago de Cuba y Guantánamo se encuentran en la misma situación, mientras que la información es contradictoria del resto de provincias. El aeropuerto internacional está paralizado, sólo hay acceso a la isla por vía marítima. La ONU y las embajadas se están organizando para sacar del territorio nacional a sus diplomáticos no esenciales, que se encuentran agrupados en la residencia de… Esperen, ahora tenemos contacto telefónico con la embajadora de Suecia…”

No logro escuchar muy bien lo que dice esa señora, pero si he logrado entender que están esperando la señal para trasladarse al aeropuerto de Baracoa y desde allí sacar a los funcionarios diplomáticos del país. Comenta que diecinueve venezolanos andan desaparecidos y que eso está causando retrasos con el protocolo de seguridad.

“…pocas personas aún saben exactamente lo que está pasando. Todo ocurrió anoche cuando las tropas militares arremetieron violentamente contra el pueblo que se amontonaba en las calles, pero aún no sabemos si hubo victimas mortales. Algunas fuentes indican que muchos rompían filas y huian. La situación es caótica…” Comenta el periodista mientras más personas se acercan para escuchar.

Yo sigo caminando en medio de todo el desorden. Veo gente rompiendo las vidrieras de las tiendas y entrando a llevarse lo poco que encuentran. Fernando el policía vestido de civil va cargando una lavadora con gran esfuerzo desde la tienda hasta su casa. Pero la mayoría de la gente lo que lleva es mucha comida. “¡Apúrate y coge lo que puedas!” me dice uno mientras corre con dieciocho paquetes de hamburguesas de cerdo.

¿Dónde estarán mis amigos? No he podido hablar con ellos desde la última redada del día 21, en que me cortaron el servicio del celular. ¿Cómo estará Twitter? Ya estoy pensando cómo contar esta historia en el blog.

Cerca de donde estoy llegaron unos siete u ocho ancianos y están gritando: “¡Viva la Revolución!” Esto se va a poner malo. Todo fue tan rápido y repentino. Sigo caminando, alejandome de ahí pues ya escucho la bronca de los viejitos con la gente. Me tropiezo con Mercy la del CDR y me pregunta: “Oye, ¿qué pasó?”. Se le ven los ojos llorosos y su voz está ronca y temblorosa. La noto un poco aturdida.

Veo gente recogiendo de los balcones las fotos que tenían colgadas de Fidel y las pancartas del pasado Octavo Congreso, algunos las rompen en mil pedazos, con lo que yo calificaría como ensañamiento. ¡Ya ellos no están! Algunos dejan ondear a la bandera cubana que se estruja por el viento fuerte que viene del Malecón. ¡Hoy es ese día que muchos han esperado y que otros han temido!

¿Y ahora qué? ¿Quién gobernará el país? Las armas las sigue teniendo el ejército que le juraron fidelidad a Castro y no a la constitución ni a la paz. ¿Cómo organizar una transición pacífica? ¿El pueblo estará preparado para cualquier cosa que pueda pasar a partir de hoy? ¿Qué hará Mercy después de 25 años informando?

Mientras escucho a una chica preguntar “¿A quién le darán el poder ahora?” me hago una pregunta: ¿Cómo explicarle a la gente el significado de Democracia? Siguen pensando en “a quién se lo darán” y no “a quién se lo daremos”. Dos avionetas de procedencia desconocida están volando bastante cerca y uno desde un edificio grita: “aquí lo que hay es que irse del país”. ¿Cómo pueden estar pensando a estas alturas que emigrar es una solución? Ya el problema lo tenemos en nuestras manos. ¡Y lo resolveremos nosotros mismos!

Sigo viendo personas cargando con todo tipo de víveres, alimentos, escobas, una señora lleva una olla arrocera nueva en las manos. Al gobierno que entre ahora le espera hacer frente a una deuda externa bastante elevada. ¿Qué hará el pueblo cubano para pagarla? ¿Cuánto tiempo estaremos endeudados con el mundo y las quinientas vírgenes? ¿Nuestros nietos seguirán pagando las malas gestiones y la pésima administración del pasado gobierno?

Voy caminando destino Capitolio, aún atornillado. ¡Ni siquiera les alcanzó el tiempo para repararlo! Desde aquí, cruzando por Prado y Malecón, visualizo una turba de casi 100’000 personas en esa dirección. ¿Dónde están los representantes líderes de la oposición? Algunos están de viaje así que me imagino que no podrán entrar al país porque están cerradas las fronteras para transporte aéreo. “¡Vivan los Derechos Humanos!” grita un grupo de mujeres seguido de: “¡Abajo Fidel!” ¿Para qué gritan eso si ya no está? Siento mucha gente vociferando consignas pero no los noto organizados. ¿Estarán enterados de que estamos en medio de una crisis política? Después de un poco más de medio siglo de lo mismo: ¿Aún quedan consignas? ¿Estará el pueblo cubano preparado para un cambio radical de sistema? ¿Conocerán otros sistemas? ¿Nos podremos organizar?

Estoy a punto de llegar a la molotera. Actúan como quien decide cambiar la decoración de su casa un día y tira a la basura todos los cuadros y retratos colgados; pero luego cuando ven la pared vacía no saben qué poner. Pase lo que pase en mi país lo sabremos hoy, y ocurrirá sin precedentes pues ninguno de nosotros lo hemos vivido. ¡Estén todos atentos y prevenidos! Puede ocurrir cualquier cosa en las próximas horas. Nos estamos enfrentando a algo que nunca estudiamos; nos estamos enfrentando al día después del cambio.