¿Un mundo sin dioses?¿Una era post-cristiana?

¿Será posible alguna vez ese paraíso total sobre la tierra antes de que esta sea destruida?, es una de las tesis principales de esta columna de opinión.

¿Un mundo sin dioses?¿Una era post-cristiana?

El riguroso filósofo francés nietzscheano-camusiano, Michel Onfray, propone en su ensayo Tratado de ateología (Anagrama, 2005) tres etapas para la historia de la humanidad: 1. Precristiana. 2. Cristiana. 3. Post-cristiana. ¿Será posible la tercera?

La primera corresponde al pasado, al paganismo. Mundo poblado de dioses que relacionan al hombre con la naturaleza y el cosmos.

La segunda aparece hace 2000 años –cuando se avistaba un mundo sin dioses porque los griegos los habían destruido con la razón- y se vive en el presente. Es el reinado del fanatismo y la criminalidad monoteísta. Corresponde a la trilogía judaísmo, cristianismo e islamismo. Emparentadas entre sí, las tres religiones parasitarias de la idea de dios han llenado de odio y terror a la humanidad.

La tercera, el futuro, será una vida sin dioses. Significará la erradicación del monoteísmo tripartita. Se tiene que construir desde ahora, de manera activa por medio de un ateísmo ateísta (contrario al mero ateísmo cristiano). Para ello será necesario “promover una laicidad poscristiana, o sea, atea, militante y radicalmente opuesta a cualquier elección o toma de posición entre el judeocristianismo occidental y el islam que lo combate. Ni la Biblia ni el Corán.”, propone Onfray. El activismo supone “los pensamientos alternativos a la historiografía filosófica dominante: las personas con humor, los materialistas, radicales, cínicos, hedonistas, ateos, sensualistas y voluptuosos. Pues ellos saben que sólo existe un mundo y que toda promoción de los mundos subyacentes lleva a la pérdida del uso y beneficio del único que hay.”. Y contrario al monoteísmo, activismo ausente de crimen; habría que agregar por si hiciera falta.

Aunque compleja, suena muy bien la propuesta histórica del filósofo, quien afirma que el postulado de Nietzsche no se ha cumplido: dios aún está vivo. Y si vemos la manera en que se conduce el mundo llamado moderno, es indudable que la presencia de dios está integrada, a manera de formateo, en la mayoría de las sociedades, en los miles millones de individuos que lo integran.

Los que hasta hoy han nacido no verán esa era post-cristiana. Considerando el pasado y el presente, la dependencia de lo divino (así he descrito a dios: “Necia ficción de la adolescencia tardía. El báculo, la temerosa muleta infructuosamente esperanzada hacia la nada del animal dominante”; Animales y otros bichos raros, Praxis, 2013), el control del poder a través de lo divino, la entrega social a ese poder de lo divino, resulta muy fácil ser un ateo incrédulo de esa posibilidad (hay demasiado dios en todo). ¿Será posible alguna vez ese paraíso total sobre la tierra antes de que esta sea destruida por los dependientes de la divinidad? Acaso cada quien deba vivir su propio paraíso.

FUENTE: Columnista Héctor Palacio SDP Noticias.

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