Venezuela no está sola

Venezuela no está sola

Este domingo en Madrid se llevó a cabo una vez más una manifestación de venezolanos que rechazamos la dictadura que azota nuestro país. Como en otros lugares del mundo, la diáspora se pone en acción para que nuestros vecinos escuchen y se unan a nosotros en un reclamo que debería ser común para todos: la defensa de la libertad, de los derechos humanos, el repudio a la tiranía, la corrupción, la violencia y el narcotráfico.

Llegué temprano y me senté en un banquito de la Plaza de España a observar a la gente que iba llegando, a estudiarme el texto que había redactado fundiendo las ideas de la organización, las mías y las de uno de tantos venezolanos que cada día se levanta con la firme convicción de no ponerle a la dictadura el país en bandeja.

La marcha  salió de la mencionada plaza subiendo por la emblemática Gran Vía. Luego giró en la calle Alcalá hasta llegar a la Puerta del Sol, el lugar donde millones de personas alguna vez han derramado lágrimas de alegría o tristeza bajo las agujas del reloj que cada primero de enero indica que un nuevo año ha comenzado. Una marcha pacífica como todas las que se hacen en Venezuela, pero con una abismal diferencia, aquí marchamos sabiendo que la policía está para protegernos, no para reprimirnos tirando a matar.

Lo que sigue son las palabras que leí minutos antes de comenzar a caminar.

Cuando me preguntaron si podía leer hoy un manifiesto, la organización me dio un texto con sus ideas y propuse las mías, pero sentí que hacía falta algo más, que debía hablar para los venezolanos que estamos hoy aquí, pero también para los que están llevando gas y plomo en nuestras calles, por eso me puse en contacto con uno de ellos. Muchos de ustedes lo conocen, se llama Luis Carlos Díaz , a él le pregunté qué es lo que necesitan de nosotros.

Para el mundo no es un secreto que la “revolución bolivariana” ha sido un fracaso absoluto, una de las mentiras más grandes que llevó a un país entero a un precipicio de miseria, violencia y corrupción que parece no tener fondo. Por ese barranco hemos rodado todos, por eso la lucha de los venezolanos no es de derecha ni de izquierda, tampoco de ricos contra pobres. Quienes están manifestándose en las calles de nuestro país no son golpistas. Esto no es un golpe de Estado, al contrario, es una lucha pacífica de ciudadanos contra una dictadura.

Los manifestantes que están en Venezuela necesitan que les demostremos que no están solos, que estamos con ellos, que somos ellos. Pero que seamos ellos de verdad, no un ratico ni nada más por Instagram. Necesitan que seamos ellos todo el tiempo.

Nuestra obligación como venezolanos es rescatar la democracia en nuestro país, luchar hasta conseguir que vuelva a ser un Estado de Derecho, es decir, un país donde se respeten las leyes, las instituciones, donde los funcionarios públicos estén al servicio de los ciudadanos, no de ningún partido político ni de quien ocupe Miraflores. Un país donde los medios de comunicación públicos sean eso, públicos, de todos, no de un grupito dominante, y donde los medios privados o públicos, al igual que todos los ciudadanos gocen de un elemento fundamental de la democracia: la “libertad de expresión”, un derecho tan pisoteado en los últimos tiempos que el periodismo se ha convertido en una profesión de alto riesgo. Bueno, vivir en Venezuela es ya correr un alto riesgo. Caminar por las calles de nuestro país, buscar comida, intentar hacer lo que cualquier persona alrededor del mundo considera una vida normal, para los venezolanos es retar a la muerte.

Tenemos que rescatar el país para todos, especialmente para los jóvenes que cada día se enfrentan a la tiranía de Nicolás Maduro y sus cómplices. Tenemos que rescatar el país porque se lo debemos a todos esos muchachos que buscando un futuro mejor, perdieron la vida a manos de asesinos con y sin uniforme. Por los presos políticos, por aquellos que han sido torturados y/o amenazados, por quienes están siendo juzgados en cortes marciales, por quienes están pasando hambre o se ven obligados a mendigar medicinas, por los millones de familias separadas en los diecinueve años que lleva esta pesadilla, y también por nosotros, por quienes tuvimos que hacer las maletas un día y cruzar la frontera con el alma dobladita entre ropa inadecuada para otros climas y cajitas de Toronto para aguantar la nostalgia.

Nosotros somos ellos en el mundo y ellos son nosotros en Venezuela. Esto significa que debemos hablar de nuestro país, ser pacientes cuando nos pregunten qué es lo que pasa y explicarlo aportando datos, ayudar a difundir la información sobre lo que está ocurriendo día tras día (ojo, INFORMACIÓN, no cadenitas con notas de voz del primo del tío de una ex compañera de clase que trabaja en X). Debemos desenmascarar al aparato de propaganda chavista, buscar ayuda, mantener el contacto con quienes están allá, no abandonar a nuestra familia y amigos. Llamarles aunque sea para que se desahoguen contándonos cómo se sienten. Dejar de buscar excusas para asistir a una concentración como ésta. No vale decir que está lejos, en Venezuela nuestra gente camina kilómetros porque le cierran el metro o le bloquean las autopistas. No vale excusarse en el calor ni en la lluvia, en Venezuela protestan incluso cuando llueven bombas y se hace cola en el supermercado aunque esté cayendo el diluvio universal.

Nosotros somos ellos aquí, ellos son nosotros allá. Tenemos que ser ciudadanos ejemplares, responsables, cumplir con nuestras obligaciones, ser los mejores en cualquier cosa que hagamos. Debemos tener claro que por donde caminamos somos un tricolor con siete estrellas y aunque no la llevemos puesta, todo lo que hagamos afectará esa bandera. Huir de la sombra de la viveza criolla que tanto daño le ha hecho a nuestra tierra. Debemos ser generosos en la medida de nuestras posibilidades y  también humildes para reconocer cuando necesitamos ayuda. Tenemos que echarle pichón y prepararnos para acompañar a nuestros compatriotas en los tiempos que vendrán, porque duele decirlo, pero vienen tiempos peores y necesitarán toda nuestra ayuda.

No están solos, no estamos solos. Los venezolanos estamos desparramados por el mundo, pero unidos luchando contra una dictadura. Nosotros somos ellos aquí, ellos son nosotros allá.

Gracias a Manuel Rodríguez por ofrecerme la oportunidad de hablarle a mis paisanos y a @LuisCarlos por sus palabras y paciencia.

Fotos:

TGM

Agencia EFE