Yusnaby Pérez: La libreta de racionamiento en Cuba

Yusnaby Pérez: La libreta de racionamiento en Cuba

Cada familia cubana tiene una. Nadie se escapa. Fue creada por Fidel Castro el 12 de julio de 1963 en medio de la crisis por el desabastecimiento de los primeros años del “socialismo” en Cuba. Desde entonces, ha regulado la venta de alimentos a precios subsidiados en las llamadas “bodegas” (almacenes destinados únicamente a la comercialización de productos racionados).

En sus inicios, la libreta de racionamiento era bastante extensa. Alcanzaba para comer sin grandes apuros. En ella se incluían leche fresca, embutidos, turrones de Navidad, “carne de res”, refrescos, cerveza para bodas y cumpleaños, pescado, café… Contaba además con una tarjeta gemela que racionaba la ropa y los productos no comestibles.

Todo duró mientras la Unión Soviética existió. La economía cubana dependía de las “generosidades” del bloque socialista, y no había incentivos para el desarrollo de la industria nacional.

En la década del 90, con la caída del muro de Berlín, Cuba vivió lo que se conoce como “opción cero”. No había comida, combustible, la generación de electricidad era extremadamente irregular, las fábricas paralizadas, la producción nacional insuficiente…; y como consecuencia, el racionamiento fue más severo.

Hoy, a un precio acorde al salario medio (20 dólares al mes), la libreta de racionamiento le permite comprar una vez al mes a cada persona:

– 5 huevos
– 5 libras de arroz
– ½ libra de aceite
– 1 paquete de café mezclado con chícharo tostado (1/4 de libra)
– 3 libras de azúcar blanca
– 1 libra de azúcar morena
– ½ libra de frijoles
– 1 Kg de sal cada 6 meses
– 1 caja de fósforos (cerillos)
– 1 libra de pollo al mes
– ¾ de libra de “pollo por pescado” (se eliminó el pescado y lo sustituyen con pollo)

“Ahorrando bastante comida, lo que compro con la libreta me dura como máximo 10 días”- Comentaba Jesús García, pensionado de 75 años sin otro ingreso económico.

El pan también es racionado y a cada persona le corresponde un pan diario de 80 gramos. Las mujeres de 10 a 55 años deben cada año inscribirse en el “censo de íntimas” para poder comprar 10 toallas sanitarias al mes. Los padres con niños sólo pueden comprar leche mientras los pequeños sean menores de 7 años.

La libreta se regula por zona. A cada cubano, en dependencia de su localidad, le corresponde una bodega única donde comprar. Si lleva la libreta a otra bodega simplemente no le despachan ninguna mercancía. En ella se anota con tinta cuando se recibe un determinado producto y se deberá esperar al mes siguiente para volverlo a recibir.

Paralelamente, el Estado cuenta con supermercados TRD (Tiendas de Recaudación de Divisas). Aquí se pueden encontrar generalmente casi todos los productos mencionados y muchos más, pero su venta es en pesos convertibles (moneda que se obtiene al cambiar dólares, euros, libras esterlinas, etc; equivalente aproximadamente a 1 USD). El precio de venta al público de cada producto tiene adicionado un240% de impuesto sobre el valor de importación. La realidad es que en estas tiendas “no racionadas” solamente pueden comprar los extranjeros o los cubanos que reciben dinero desde el exterior. El cubano asalariado tendría que reunir 2 salarios íntegros mensuales para comprarse 800 gramos de queso o casi 3 salarios para comprar 1Kg de carne de res.

El Estado cubano es un monopolio de importaciones. Todas las bodegas, supermercados y almacenes de productos alimenticios son 100% estatales. En 1968 expropiaron absolutamente todos los negocios de este contexto. Ellos regulan el precio, la distribución y la cantidad.

Productos básicos como el agua, la leche, la carne, el papel higiénico, el cepillo dental… son de venta exclusiva en TRD, por lo que el acceso a ellos es bastante limitado debido a los precios elevados, los bajos salarios y la devaluación del peso cubano al cambiarlo en divisa para poder comprar.

Como alternativa, existe el gran mercado negro: es un mercado que se abastece del “robo al Estado” y de importaciones ilegales y que se extiende de casa en casa, de bolsa en bolsa…

“Mi esposo trabaja en un hotel. Todos los días él trae filetes de carne y al día siguiente los vendo en la calle a 2 dólares cada uno”-Me explicaba Teresa.

Sin embargo, el mercado negro, de manera similar a las tiendas en divisa, sólo está a la mano de cubanos que tengan una entrada de dinero no oficial.

Hoy, muchos cubanos recuerdan el dilema que tenían hace 50 años, debían decidir si comprar un calzoncillo, un grifo de agua o una batería para linterna; de elegir uno no podían comprarse el otro. Hoy el dilema consiste en cómo conseguir que 5 huevos alcancen para todo un mes.

La libreta de racionamiento permite que no exista la desnutrición, pues algo de comida se puede comprar a un precio asequible; pero está muy lejos de ser una herramienta eficaz para garantizar la buena alimentación. Por eso el cubano lleva siempre consigo una bolsa vacía, y no pierde la oportunidad cuando encuentra algo para echarle. Esta situación “conviene”. Cuando el día entero se está pensando en qué comerán tus hijos por noche, difícilmente habrá tiempo para pensar en derechos, democracia y libertades.